viernes, 13 de abril de 2018

Karl Marx, Max Weber y Émile Durkheim: Sociología y educación. Por Teófilo del C. Urueña

Marx, Karl; Weber, Max; y Durkheim, Émile: Sociología y educación. Textos e intervenciones de los sociólogos clásicos. Morata, Madrid, 2007. 142 páginas. Edición, presentación y postfacio de Fernando Álvarez-Uría. Comentario realizado por Teófilo del C. Urueña.

La colección Raíces de la memoria, de la editorial Morata, plantea la reedición de una serie de textos completos de autores no accesibles ordinariamente o selecciones de textos de uno o varios autores. En el caso presente se ofrece a los lectores una selección de textos relacionados con la educación, de tres autores clásicos de la sociología como son Marx, Weber y Durkheim. Los textos seleccionados cumplen dos requisitos: son todos ellos cortos y tienen un sentido completo. Desde el punto de vista educativo no se limitan a una etapa, educación obligatoria, sino que sirven para toda la educación en todas sus etapas.

Los textos se contextualizan con una introducción en la que bajo el epígrafe «educación para la ciudadanía», se puede ver un guiño a la nueva asignatura que tan difícil trayectoria lleva incluso antes de su implantación. La verdad es que es un simple guiño pues en realidad de lo que se está hablando es del papel que en la sociología de estos tres autores ocupa la educación. Se trata de recalcar que en el imaginario de todos ellos los términos educación y libertad son inseparables siguiendo la tradición ilustrada del siglo XVIII.


Lo más sorprendente del libro es el llamado postfacio, en el que el editor manifiesta sus verdaderas intenciones, tal vez un tanto veladas en el título y en la introducción. Los planteamientos que se hacen en él tienen que ver con el título que se ha dado a este comentario y, en un libro de estilo decimonónico, entrarían en un capítulo que podría titularse como de lo que puede aportar la educación a que otro mundo sea posible. Es decir, ante el descontento que supone, desde el punto de vista político, la globalización neoliberal para algunos, la educación, que ha entrado en la misma dinámica neoliberal, debe replantearse desde un punto de vista crítico que aporte una salida a medio plazo. Para desarrollar esta idea, Álvarez-Uría plantea cuatro pasos: en el primero hace un análisis del papel de la escuela en el actual marco neoliberal; en el segundo remontándose a la tradición del estado social, hoy en proceso de desmantelamiento, establece el papel de agente democratizador que ha desempeñado la escuela mediante la nivelación; en el tercero plantea el papel crítico que, en los estados sociales, han desempeñado los movimientos sociales; y en el cuarto reivindica para la escuela un papel crítico.

El discurso del postfacio resulta muy interesante y realmente asumible por muchos salvo en un punto concreto: el de la laicidad de la escuela. El autor, siguiendo un discurso muy generalizado en determinadas corrientes de la sociedad, entiende que para que una escuela sea democrática debe ser única, pública y laica y, en ese sentido, entiende que la enseñanza en España está muy lejos de tener estas características por la existencia de una red concertada, de amplio espectro, que hunde sus raíces en una enseñanza confesional manifestada en su ideario. Lo curioso es que cuando tiene que dar datos para mantener esta argumentación, sólo aporta dos: las declaraciones del secretario de la FERE, principal agrupación de este tipo de enseñanza con ocasión de la aprobación de la LOE y la discriminación por sexo que se hace en algunos colegios católicos, hoy concertados, que pertenecen a determinados grupos católicos, por cierto no encuadrados en la FERE.

Mantener en el discurso educativo hoy este tipo de argumentos es introducir en él el laicismo que, a mi juicio, es una mala interpretación de cómo ha ido evolucionando el entendimiento de la escuela pública y laica, asumida hoy por toda la sociedad y construida dentro del estado social de corte keynesiano.

La escuela concertada asume los dos elementos democráticos de ser pública y laica. Aunque de iniciativa privada, es pública no siendo estatal, siguiendo tradiciones que se plantean y se alaban en el trabajo. Aunque en buena parte de iniciativa religiosa, es laica y no laicista; es decir junto a unos mínimos de oferta moral, se plantean en ella diversas opciones para fundamentar esa oferta, no dejando fuera la opción religiosa como fuente de moralidad que ha dado y da en la actualidad una buena base desde la que muchos ciudadanos afrontan el sentido de su ciudadanía.

En esta mirada a las Raíces de la memoria puede resultar, no menos atrayente y sobre todo esclarecedora, la lectura de otros textos, junto a estos, de otros autores que, contextualizados también, desde una inspiración religiosa han contribuido a una educación democrática y a una moral ciudadana.

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