martes, 6 de marzo de 2012

Jean Vanier: La Comunidad. Lugar del perdón y de la fiesta. Por Javier Sánchez

Vanier, Jean: La comunidad. Lugar del perdón y de la fiesta. PPC, Madrid, 1995. Colección Sauce 22. 365 páginas. Traducción de Javier Sánchez Villegas. Comentario realizado por Javier Sánchez.

Quiero comenzar este blog de comentarios a libros "divinos" y "humanos" con un autor que me ha marcado profundamente: Jean Vanier. Mi relación con él y con el Arca se inició con la lectura en comunidad justamente de la versión antigua de este libro: Comunidad, lugar de perdón y fiesta, editado en 1980 por la editorial Narcea. Nos ayudó mucho su lectura, tanto desde un punto de vista personal como comunitario. En aquel momento no podía intuir que era el principio de una relación que iba a mantenerse durante muchos años hasta el momento presente.
En los veranos de 1986 y 1987, tuve la oportunidad de vivir en varios hogares del Arca en Bélgica: Le Toît, La Branche y Caná (todos ellos en Bruselas) y en el hogar de Namur. Esto me marcó profundamente. Yo ya había tenido una experiencia fuerte cinco años antes (contaba en aquel momento con quince años) en Ciempozuelos, en donde pasé dos veranos viviendo con los hermanos de San Juan de Dios. En Ciempozuelos tuve la posibilidad de acompañar a personas mayores que tenían enfermedades mentales terribles; pero, al llegar la noche, yo me iba a cenar con los hermanos y a dormir a un edificio distinto separado de donde estaban los enfermos. En Bruselas las cosas eran diferentes. No se trataba de "cuidar" a nadie, sino de vivir con las personas con una deficiencia. Todo lo hacíamos juntos, desde el principio del día (con las duchas, etc.), hasta por la noche (ayudar a acostarse...), pasando por las comidas y las fregadas. Salíamos de paseo por la ciudad, íbamos a la playa al Mar del Norte, hacíamos turismo (Brujas, Amberes, Lieja...), pero siempre con ellos. El hogar no era una residencia, era una familia. Los vínculos afectivos que se crearon te llevaban a llamar al otro "hermano". 
En mayo de 1994 me invitaron a un retiro que Jean Vanier iba a dar en El Espinar (Segovia). El retiro duró todo un fin de semana. Jean hablaba de su vocación, de cómo había descubierto en la persona con una deficiencia el rostro de Jesús, de cómo este le había conducido a entrar en el misterio de Dios y de la Iglesia. Todo esto es cierto. Los hogares del Arca son pequeñas iglesias domésticas, donde la oración y la celebración juegan un papel fundamental.

En el propio retiro, comiendo Jean Vanier con un amigo común (Germán Martínez), Jean expresó su deseo de que su obra se tradujera al español. Preguntó a Germán si conocía a alguien que pudiera realizar tal labor. Jean quería que el traductor fuera alguien que conociera las comunidades del Arca y que tuviera la misma sensibilidad. No se trataba solo de traducir de una lengua a otra, sino sobre todo de transmitir el espíritu que subyacía en toda su obra. Germán no se lo pensó dos veces, y me propuso a mí como traductor. Jean quiso conocerme, cosa que sucedió al día siguiente. Tomando un café juntos, me comentó cuál era su proyecto, si estaba de acuerdo en participar en él. Obviamente le contesté que sí. Le comenté mi experiencia en Le Toît con el Padre Roberti, lo bien que me había sentido con ellos, y cómo me había marcado profundamente. A Jean se le iluminó la cara. Dicho y hecho. Tras iniciarse los contactos con la editorial PPC (algunas otras rechazaron el proyecto), comenzamos a traducir su obra. Tengo que reconocer que ha sido una experiencia inolvidable.
La primera de las obras de Vanier que se tradujeron al castellano es esta que estamos comentando. Es el resultado de todos los cambios que introdujo a la obra original. Jean la montó de nuevo con una estructura sensiblemente distinta, y añadiendo un cincuenta por ciento de contenido nuevo.

Jean Vanier en Trosly-Breuil
Con un estilo claramente peculiar, muy enraizado en el corazón humano, en sus experiencias personales y en mucho tiempo de oración y reflexión, Jean Vanier se adentra en el espinoso terreno de la convivencia humana. Como se dice en el propio libro, "la vida comunitaria es una maravillosa aventura". Y justamente se trata de ayudar a "clarificar las condiciones necesarias para recorrer ese camino. Sus pistas de reflexión no han sido descubiertas en los libros sino en la vida cotidiana, a través de errores y fracasos, a través de inspiraciones de Dios y de los hermanos, a través de momentos de unidad y también de tensiones y sufrimientos". La vida en comunidad, ya sea en El Arca o en una abadía benedictina, es una aventura y solo puede ser recorrida por aquellas personas que estén dispuestas a liberarse interiormente, y quieran correr el riesgo de amar y de ser amadas.
Consideramos que este libro es de lectura obligada para cualquier grupo cristiano o comunidad, sean cuales sean las características que tengan. Un clásico. Un imprescindible.


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